Call me»:…. corazones enfermos en los tiempos del covid

Muchas cosas podemos decir de la pandemia por el coronavirus, pero una de las principales es que ha puesto en jaque a todos los sistemas sanitarios.   Porque además de hacer frente a la infección ha habido que “reinventarse” para atender a todos aquellos con enfermedades crónicas entre las que se incluye la insuficiencia cardiaca.

Ya es difícil para nuestros pacientes sentir la fragilidad por su condición de cardiópatas como para vivir la incertidumbre de “ qué pasara ahora con mi seguimiento” , “¿ cuando me van a poder visitar?”, “¿y si tengo algún problema?”, ¿y si yo también me infecto?”.

Pero por suerte en el ámbito de la insuficiencia cardiaca no comenzábamos desde cero. Con la irrupción progresiva de las Unidades de Insuficiencia Cardiaca también se había comenzado a desarrollar el campo de la telemedicina. Y algunas experiencias previas ya habían demostrado algunos éxitos y su viabilidad.

De repente, todos nos hemos visto obligados a asistir a nuestros pacientes desde la distancia. Pero algunos jugábamos con ventaja. Aunque se utiliza el termino “visita virtual” con frecuencia, consideraríamos más apropiado el de telemedicina o visita a distancia, porque virtual parece apartarnos de lo real.   Pero la pregunta que puede surgir es ¿ conseguimos lo mismo haciendo una visita no presencial que en la consulta? , ¿estaremos haciendo las cosas bien o nos vemos arrastrados por la necesidad convertida en moda?

Realmente este nuevo modelo de asistencia puede generar mucha incertidumbre y antes de lanzarse al vacío habrá que plantear los objetivos correctamente.

¿A quién va dirigida este tipo de consulta? ¿Cuáles son los objetivos? ¿De que medios disponemos y disponen nuestros pacientes para realizarlas? Y a partir de allí construir el modelo.

El enfoque puede ser hacer frente a la “crisis del coronavirus” y seguir dando asistencia a nuestros pacientes para saber si se contagian, o si se descompensan; o puede ir más allá y sentar las bases para un seguimiento a distancia para nuestras consultas que permita permanecer en el tiempo una vez nos libremos del virus.   Pero de todos modos consideramos que la base debe ser la misma en los dos casos, y debe basarse en una serie de premisas.

  • Debemos ser conscientes de cuales son los signos y síntomas de alarma que obliguen a detectar un abordaje urgente – tanto si se trata de una posible infección por coronavirus como de una descompensación de la enfermedad cardiaca. – esto a priori puede ser relativamente sencillo dado que es una información general para todos los pacientes.
  • Debemos instruir a nuestros pacientes en el reconocimiento de los signos y síntomas de alarma de la descompensación cardiaca. Para ello se hace necesario haber tenido un contacto previo, ya sea en la consulta o en el hospital; facilitando un mínima educación sanitaria. Esto puede ser difícil si es el primer contacto con el paciente, y la labor de enfermería es fundamental ( siempre que se disponga de este recurso tan necesario )

Pero será necesario tener en cuenta otros factores importantísimos en nuestros pacientes ancianos y con comorbilidad, porque olvidarlos puede conducir al fracaso de la telemedicina.

  • ¿ Cual es la situación social del paciente? Es importante conocer si está solo o sola, necesita ayuda para actividades cotidianas, puede hacer la compra o salir a la farmacia, tiene problemas de movilidad, dispone de teleasistencia……
  • ¿ Cual es el grado de autocuidado del paciente? Sabe que dieta debe hacer, puede cocinar o precisa de ayuda, conoce su medicación y como tomarla, y si dispone de instrumentos de medida como tensiómetro o báscula…. , o si sabe utilizar y tiene acceso a nuevas tecnologías.

Solo teniendo en cuenta estos puntos podremos definir bien el modelo necesario que podemos adaptar a cada paciente.

Algunos ven lejano este tipo de asistencia porque relacionan la telemedicina con tablets, smartphones, conexión web, teleconferencias y un sinfín de dispositivos a los que creen que nuestros pacientes no están habituados. Pero ¿realmente son imprescindibles? Bien hay un invento que data 1860 que es el teléfono… y actualmente prácticamente todo el mundo dispone de él.   En la práctica con un teléfono, una buena educación sanitaria, un adecuado soporte social, una libreta, un bolígrafo, una báscula y a ser posible un tensiómetro, se puede hacer una teleasistencia de altísima calidad.   Y esa es la experiencia que hemos vivido en muchas unidades de insuficiencia cardiaca.   Desde luego si podemos disponer de nuevas tecnologías y hacer videollamadas que incluso nos permitan observar la yugular, tener registros a distancia de las variaciones de peso y talla, cuestionarios de síntomas en app del móvil…etc, será un gran avance. Y estudios como el HERMES están analizando esto.

Desde el Grupo de IC y FA de la SEMI hemos desarrollado una infografía que pretende resumir de una manera visual y práctica lo que consideramos que no debe faltar en un abordaje de la Insuficiencia Cardiaca mediante telemedicina. Lo podéis consultar en el link  y esperamos que os sea útil.

En resumen, vemos que la telemedicina es una necesidad en un futuro que ha cambiado, pero que con herramientas básicas también se puede realizar. Eso sí , requiere tiempo, paciencia y personal… algo que en la sociedad de la hipervelocidad y la hiperinformación ha pasado de moda, quizás tendremos que modificar también otras cosas…. pero eso ya es otro motivo de reflexión…..

Referencias:

Gorodeski EZ, Goyal P, Cox ZL, Thibodeau JT, Reay RE, Rasmusson K,Rogers JG, Starling RC. Virtual Visits for Care of Patients with Heart Failure in the Era of COVID-19: A Statement from the Heart Failure Society of America. J Card Fail. 2020 Apr 18. pii: S1071-9164(20)30367-5.

Autor: Dr. José Luis Morales-Rull

One Reply to “Call me»:…. corazones enfermos en los tiempos del covid”

  1. Como siempre acertadísimo el comentario de José Luis. Enhorabuena.
    Supongo que todos, en mayor o menor proporción, con más o menos intensidad, estamos sufriendo la pandemia del virus… y no solo la del virus.
    José Luis propone el teléfono como herramienta útil, sencilla y accesible para mantener el contacto mínimo imprescindible durante estos tiempos de encierro. No va más allá. Es sabio.
    Subrayo dos palabras, herramienta y mínimo.
    Esta temporada tan dura, durante la que hemos anulado muchas consultas, no han venido muchos pacientes y hemos tenido que asistir a los pacientes embozados en EPIs (o pseudoEPI en muchos casos), detrás de unos guantes y una mascarilla, a mi me han dado mucho que pensar.
    Somos Internistas, una forma de entender y vivir la medicina, nuestro papel está a la cabecera del enfermo. Somos clínicos (Klinikós: cama) porque nos inclinamos hacia el enfermo.
    El COVID ha metido mucha presión para tratar con cualquier cosa disponible, para etiquetar a los pacientes, para decidir quien era subsidiario o no de UCI… ¡Cuantos expertos!
    Pues, al menos a mi, me ha mostrado con toda crudeza que somos débiles y que nuestra fortaleza está en asistir al débil inclinados, con las manos y el juicio.
    Al César lo que es del César, A Dios lo que es de Dios.
    La telemedicina es una herramienta, seguimos siendo clínicos y en nuestros hospitales la mayoría de especialistas ha abandonado la clínica, cegados por el resplandor de una pantalla, las siglas de una clasificación, o la última conferencia de expertos.
    No renunciemos al poder del juicio clínico.
    Somos Internistas
    Al menos así lo veo yo.

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